viernes, 22 de octubre de 2010

III - La muerte acaba con el vals

Hace mucho qe no los veo y qe no les publico algo de mi invencion... Ahi va la tercera parte de: "La muerte acaba con el vals"... Espero lo sigan... Besos!!

- Buen día –saludo -. Sorpresa, hoy vine a buscarte –yo seguía muda -. ¿No tendría que haber venido?

- ¿Qué? No… Emm… -me reí nerviosamente y respire profundo antes de volver a hablar -. No, digo, si. Vamos –cerré la puerta a mi espalda y le sonreí. ¿Qué hacia? ¿Por qué había ido a buscarme? Nunca lo hacía y me sentía una tonta por haberme quedado tan… petrificada.

- Vine porque me desperté temprano y no sabia que hacer. ¿No te molestó, no?

- No, para nada; solamente me sorprendió, como nunca venís… Digo, no es que…

- Si, te entendí bien. Prometo llamarte la próxima vez –ahora él estaba serio. Tenía miedo de haberlo ofendió, entonces me quedé callada.

Caminamos en silencio, mirando cada uno sus pies hasta llegar al colegio. Gracias a Dios, era viernes y venían luego las vacaciones de invierno.

Él se paro en seco y yo me di la vuelta para ver por qué. Estaba ahí, parado, mirándome, sin decir nada. Caminó hasta donde yo estaba y se asomó lo más que pudo a mi cara para verme a los ojos fijamente, a tal punto que quedamos a menos de siete centímetros.

- Perdoname -dijo. Yo quede mirándolo con los ojos bien abiertos -. No quería caer así en tu casa, pasa que… -se callo. Entonces hable yo.

- ¿Pensás que me enoje? –él asintió bajando la mirada al suelo. Puse mis manos a cada lado de su cara e hice que me mirase nuevamente -. No me enoje, Félix. Fue una verdadera sorpresa. Aunque suene raro, no puedo enojarme con vos. Sos… -pensé muy bien qué iba a decirle – mi mejor amigo y no pienso discutir por idioteces.

Puso sus manos sobre las mías, pensé que fue para sacarlas, pero no. Simplemente apretó mis manos y cerró los ojos, respirando tranquilamente. Yo aproveché el tiempo y lo miré. Miré cada pequeño pliegue sobre su piel, como cerraba los ojos, lo rojo de sus labios, escuché como inhalaba y exhalaba.

Su rostro me infundía paz. Sus facciones eran pacificas. Era imposible que existiese un ser así de perfecto, físicamente. Y yo era su mejor amiga, su única amiga en este lugar.

Suspiró, bruscamente, y abrió los ojos, como volviendo de un sueño. Me miró y me sonrió.

- ¿Pasa algo, Félix? ¿Te sentís bien? Estás raro –pregunté. Me preocupaba, nunca se había comportado de aquella forma. Parecía… nervioso, distante.

- No, estoy bien. Un momento de altibajos, nada más. ¿Entramos? –se enderezó, soltó una de mis manos pero la otra la mantuvo bien aferrada a si. Empezó a caminar en dirección al salón de clase, y hasta que no entramos y estuvimos sentados no me soltó.

El resto del día transcurrió, digamos, igual de raro que él. En el almuerzo, a penas cruzamos algunas palabras porque siempre respondía con monosílabos. Al volver a clase, no me miraba ni preguntaba nada.

1 comentario:

don vito dijo...

Hola, bello blog, preciosas entradas, te encontré en un blog común, si te gusta la poesía te invito al mio,será un placer,
http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
muchas gracias, pasa buena noche, besos.

Vampiro Vegetariano.