sábado, 4 de septiembre de 2010

2 PARTE, "La muerte acaba con el vals"

Una tarde íbamos camino a mi casa.
- Mentira. Ella se copio de mi y yo mire su hoja para ver qué estaba viendo en la mía que le haga falta –yo reía mientras hablaba, caminábamos uno al lado del otro muy cómodamente riéndonos cada vez mas. Parecíamos dos locos en la calle.
- A mi no me mientas, Mel. No te juzgo por no haber estudiado pero creo que tendrías que haberte puesto un poco más en el estudio.
- Pero para vos es fácil, sos muy inteligente… Yo no, a penas puedo concentrarme.
- No soy un pibe inteligente, estudio, nada más.
- Bueno a eso me refería: ser estudioso es fácil cuando no te cuesta memorizar, ser inteligente… también lo sos, pasa que capaz no lo demostrás. Si tenés las re ideas, y a mi no me lo discutís –dije con su tono de réplica.
Habíamos llegado a mi casa. Estábamos parados en la vereda sonriéndonos como dos tontos. Sus ojos verdes hacían que me perdiera en la nada cuando lo miraba fijamente. Me olvidaba de todo y costaba muchísimo sacarme de ese espejismo tan hermoso. Si, capaz me gustaba un poco, pero un poco nada más.
El seguía mirándome con dudosa ternura. Me trague una carcajada que quería salir fuera de mí.
- Bueno –dijo, sacándome de mi fantasía dando vuelta la cara, dejando a un lado su mirada. Estaba ¿avergonzado? -. Mejor me voy. Nos vemos mañana –volvió a mirarme, esta vez con gracia y me beso la mejilla. Yo no respiraba. Estaba que me caía -. Chau, Mel.
- Chau –logre decir. Caminé, hecha un zombi, hasta mi habitación, saludando a mi mamá y a mi hermano mayor.
Me tiré en la cama. Estaba en un gran problema: estaba enamorándome.
Era un problema porque no podía enamorarme de nadie. No quería, me hacía mal. Siempre me enamoraba de chicos que no iban conmigo, sufría como loca por cada uno hasta que se me pasaba la fascinación y me reía de mi misma por estar mal por alguien como “ese”.
Pero Félix era diferente. Era mi… amigo. Al menos eso parecía, y no quería arruinar eso. Si él se enteraba de esto, seguro que se alejaba. Siempre hacían eso.
Me di la vuelta, mirando la pared e intente dormirme sin pensar en nada.
Lo siguiente que paso, fue que corría como loca, intentando esconderme de algo. Ese “algo” me perseguía y me asustaba más de la cuenta. Me tropecé varias veces, hasta que me caí de tal manera que no lograba levantarme, y luego, de la nada, Félix estaba ahí. Me tendía su mano y me levantaba de un solo tirón, luego tiraba de mi brazo haciéndome caer nuevamente, y me arrastraba a lo oscuro. No podía gritar, hasta que logré despertarme toda transpirada.
Eran las cinco de la mañana, tenia que salir a las siete menos veinte de mi casa, por lo que, al no poder volver a dormir, me di una ducha y desayune temprano. Preparé las cosas para salir, cuando un golpe suave de puños llamó a la puerta principal.
Al abrir, Félix estaba del otro lado. Me quedé seria mirando a mi amigo parado en el porche, sonriendo.
- Buen día –saludo -. Sorpresa, hoy vine a buscarte –yo seguía muda -. ¿No tendría que haber venido?

Disculpen la tardanza, mucho para hacer =) Besos!!

2 comentarios:

ADELFA MARTIN dijo...

Tienes una maravillosa imaginaciòn, me encantan tus cuentos...

Mis felicitaciones


abrazos

Samantha dijo...

Ya estoy de nuevo por aquí, como siempre, tus letras tienen un toque especial :)

Un abrazo!

Vampiro Vegetariano.